50 años FRCU

El 11 de abril de 1970, hace exactamente 50 años, se dicta la primera clase de la UTN Concepción del Uruguay en el Colegio Nacional. Felicidades a toda la comunidad de la FRCU.

Compartimos el escrito del Ing. Angel Mazzarello, Egresado de la Primera Promoción.

FRUCTÍFERO MEDIO SIGLO DE NUESTRA FACULTAD

Al escribir sobre alguien o algo por quien se profesa un profundo amor, se corre el riesgo de ser parcial en los juicios de valor que se emitan. Ese es el riesgo que hoy afronto al ponerme frente a la computadora y querer delinear algo coherente y sin apasionamiento al reflexionar sobre la Facultad Regional Concepción de Concepción del Uruguay de la Universidad Tecnológica Nacional.

Es el hecho de escribir sobre quienes nos dieron la vida.

Nacimos juntos. Ella el 29 de Diciembre de 1969 y en Enero de 1970 alguien dijo:

“Se crea una Facultad de Ingeniería”.

Lo recuerdo muy bien. Muchos oímos ese mensaje, lo escuchamos y sopesamos el valor de su contenido. Corrimos a anotarnos en el Curso de Ingreso. ¿Dónde debíamos hacerlo? ¡Dónde podía ser!. Fiel a su estirpe y a sus convicciones educativas, el centenario Colegio del Uruguay nos prestó sus aulas para funcionar, porque no teníamos edificio. En el Siglo XIX ya había albergado una Escuela de Derecho y ahora ofrecía sus aulas cargadas de historia para albergar la primera institución con rango de Universitaria que se abría en la ciudad en el siglo XX.

Fuimos unos 35-40 los precursores que nos anotamos para ingresar al primer año de la carrera de Ingeniería, que no tenía la o las especialidades definidas. Éramos un grupo heterogéneo, especialmente en edades, pues habíamos desde jovencitos recién recibidos del secundario (bachilleres, maestros, técnicos) a otros más “veteranos de guerra” con historia de haber transitado en algún momento alguna Universidad sin haber podido terminar una carrera o sin haberla podido iniciar por múltiples causas y ahora la teníamos a mano. Este último era un grupo de treinta años para arriba y hasta alguno de más de cuarenta. Pero todos con la convicción de elevar su propio y personal nivel académico, estudiar una carrera hacia donde se orientaban sus inclinaciones y mirar un futuro muy diferente al del día anterior.

Transitamos el primer año y al comenzar los exámenes finales de ese curso -lo cito sólo como curiosidad- el primer tribunal examinador que se reunió fue de la Materia Análisis Matemático I integrado por su presidente y titular de la materia, Ing. Gino Lombardi, el Ing. Guillermo Gianello y el Prof. Juan Tomaszewski. Lo curioso para citar es que despachó al primer alumno examinado con un aplazo. ¡Así se inauguró la historia de los exámenes finales de esta Facultad!: con un aplazo. Eso marcó, sin duda, la seriedad y el rigor con que se encaraba la tarea de formar nuevos ingenieros.

Durante el primer año el Decano responsable de la organización y puesta en marcha de la Facultad era uno más de nosotros. Eran frecuentes las reuniones extra clases con él, que nos tenía al tanto de sus gestiones, sus problemas y sus logros. Así, en un ambiente de “cofradía” y profundo respeto, conocimos al Ing. Guillermo Segundo Gianello, verdadero artífice del éxito inicial y sostenido de la Alta Casa de Estudios, que se encontraba en ese momento en formación y en estado más que embrionario.

Muy importante para la Historia de la Facultad es un hecho que él nos refirió en una de esas reuniones con nosotros, los primeros alumnos –entre los cuales quien escribe estaba presente- que en una noche de 1971, años muy difíciles de dictadura militar, golpeó la puerta de su domicilio un señor a quien no conocía personalmente y que se presentó como el Ing. Américo Artacho, quien sin muchas vueltas le dijo:

-¿Quiere Ud. un edificio para su Facultad?.

Recordemos que en ese momento el Colegio del Uruguay, la  querida institución educativa de esta ciudad, había prestado sus aulas para que funcionara la Facultad a la noche. El Ing. Gianello, absolutamente sorprendido pero ni corto ni perezoso agradeció y aceptó el ofrecimiento sin dudar un instante y el Ing. Artacho le dijo:

-Mañana nos vamos a Buenos Aires a terminar las gestiones, porque si no lo hacemos, el edificio pasa a ser un Cuartel.

Al otro día partieron presurosos a Buenos Aires y de esa forma tuvimos nuestro edificio propio.

Así se escribió esta parte de la Historia.

El Ing. Américo Artacho era oriundo de Paraná y fue el profesional designado por el Ministerio de Obras Públicas para liquidar parte de los bienes de las instalaciones de ese Ministerio en esta ciudad. Sin duda nuestra Facultad le debe mucho por su visión de futuro y comprensión de la necesidad que tenía nuestra Facultad de contar con un edificio propio. Es un orgullo que no todas las Facultades de la UTN pueden mostrar: tener un edificio con el rango de “Monumento Histórico Nacional”.

Hoy, después de medio siglo de existencia, con cientos de egresados diseminados por el mundo, mira el porvenir con el objetivo que siempre tuvo: la excelencia en la educación, la responsabilidad en la formación de sus egresados y el convencimiento de la labor que ha encarado en bien de la Patria.

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